Cuando yo era niña la época navideña comenzaba después del día de Virgen de Guadalupe. Las casas se dornaban unos días antes para recibir a la imagen, se hacía un rosario, se ofrecía la cena y al día siguiente las personas regresaban por ella y la llebaban hacía otra casa, esto finalizaba la madrugada del doce de diciembre con las mañanitas. Despues de cumplir con esta tradición es que las personas empezaban a pensar sobre las festividdes navideñas.
Ahora todo es muy adelantado, apenas se acaba de pasar el día de muertos y los comercios empiezan a ofrecer luces, guirnaldas, nochebuenas y demás artículos navideños. Es entonces que surge un conflicto de intereses. Los disfraces y decoraciones de la Revolución Mexicana se encuentran revueltos con los artículos decembrinos. En un mismo aparador coinsiden trajes de manta de revolucionarios y trajes de manta de pastores, los primeros llevan rifles, machetes y carrilleras, mientras que los segundos se complementan con ovejas y regalos para el niño Dios. En las tiendas de música se intercalan corridos revolucionarios y villancicos de navidad.
En lo particular me parece que vivimos muy aprisa. Gracias a la economía que marca el ritmo de vida que debemos llevar, es que las tradiciones se mal viven. La prisa impide disfrutar y comprender a fondo las costumbres que nos dan identidad. Al final la última parte del año parece un carnaval que comienza con el Halloween, pasa por el Día de muertos, medio toca el aniversario de Revolución Mexicana, apurado se le reza a la Virgen y todo esto con la mente ocupada en la cena, las posadas y los regalos del veinticinco de diciembre.
Las celebraciones son para vivirse más que para cumplirse, si sólo damos vueltas en el ciclo anual sin profundizar en lo que hacemos habremos vivido sin sentir la vida. Las fechas de celebración sirven para dar un respiro a nustra mente y dejarla pensar.
Cierto lo que dices...vivimos la vida demasiado deprisa, esto lo ha traido la tecnología y también recuerdo mi infancia en estas épocas...pero creo que lo verdaderamente importante de entonces, era que eramos niños y así lo recordamos convertidos en adultos sin ilusión...Abrazos para ti.
ResponderEliminarPues sí. Las prisas no son buenas... ¡para andar la vida y gozarla! Y también es bueno celebrar ¡todo lo que merece la pena! con quienes merece la pena.
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